Uno de mis primeros sonetos, escrito a los catorce años
El gran tronco del árbol centenario
oscila sin fuerzas presto a ceder
a la luz parda del atardecer
que ilumina su talle extraordinario.
Chasquido a chasquido se va quebrando
mientras recuerda cuando era un retoño
y era feliz con las lluvias de Otoño
cuando la lluvia saltaba cantando.
El árbol se rompe con gran estruendo
y al húmedo suelo cae, ya sin vida,
mientras los rayos de sol van muriendo.
Y en el suelo del campo, carcomido,
yace muerto el gran árbol centenario
sumido para siempre en el olvido.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario