lunes, 20 de octubre de 2008

El árbol centenario

Uno de mis primeros sonetos, escrito a los catorce años

El gran tronco del árbol centenario
oscila sin fuerzas presto a ceder
a la luz parda del atardecer
que ilumina su talle extraordinario.

Chasquido a chasquido se va quebrando
mientras recuerda cuando era un retoño
y era feliz con las lluvias de Otoño
cuando la lluvia saltaba cantando.

El árbol se rompe con gran estruendo
y al húmedo suelo cae, ya sin vida,
mientras los rayos de sol van muriendo.

Y en el suelo del campo, carcomido,
yace muerto el gran árbol centenario
sumido para siempre en el olvido.

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