miércoles, 24 de septiembre de 2008

Retrato de Cervantes


Ese hombre de rostro enjuto y nariz aguileña, que con tanto acierto plasmó Velázquez en uno de sus cuadros; ese hombre de porte decidido y mirada altiva que a tantos maravilló; ese hombre fibroso, tantas veces apaleado por la vida, siempre presto y en tensión para la batalla; ese es, a grandes rasgos, Miguel de Cervantes.

De su persona no nos maravillan propiamente sus escritos, fruto de su destreza en la lucha con la pluma, refugio de su corazón. No nos maravillan propiamente sus hazañas, espejo imborrable de una audacia rayana en la temeridad y de una valentía solamente superada por su coraje y su sentido del honor. No nos maravilla propiamente su mirada profunda, mar infinito de experiencia y sabiduría. No nos maravillan propiamente su laboriosidad y honradez, tan pocas veces recompensada.

Lo que verdaderamente hace que se giren hacia él las miradas de cuatro siglos de historia es su tenacidad, curtida en las mil pequeñas y grandes batallas de cada día, que supo plasmar con tanta fuerza en sus escritos. Atrae su fortaleza, su fe y su esperanza en que el mundo no se mejora solo, sino con la sangre de miles que sacrifican su vida en la oscuridad; esa vida que el sacrificó hasta exprimirla regando con su sudor esa misma tierra que luego recorrió en sus andanzas Don Quijote; esa tierra dura, que tantas veces le quiso derrotar. Al final, el genio encontró la forma de liberarse: con su propia sangre se quedó en forma de libro, un libro tan auténtico y atractivo porque no son meras invenciones de la imaginación lo que relata, sino las propias vivencias de un hombre loco; un loco que todavía creía en la nobleza del corazón, el valor y la poesía, “todo ello después de la gracia de Dios”; un soñador entusiasmado con todo lo grande, sagrado y esplendoroso, que él supo encontrar en el pedregal de su vida.

Por eso él es un héroe, un loco, un poeta y un caballero cuyo ser nunca se irá del todo; el hombre que vivió en la oscuridad pervivirá para siempre en la luminosidad de su obra.

Sobre la infinitud del Universo en el tiempo



Múltiples estudios científico-filosóficos a lo largo de la historia han sostenido la hipótesis de que el Universo es finito, y viceversa. Teniendo en cuenta los recientes descubrimientos del último siglo, propongo analizar someramente la cuestión tomando como apoyo dichos descubrimientos y aplicando el método filosófico a los resultados obtenidos, extrapolando de los mismos las conclusiones competentes.

Así pues, en primer lugar estableceré una hipótesis inicial desde la cual podremos partir para iniciar el comentario filosófico que nos atañe. Dicha hipótesis puede enunciarse de múltiples formas, pero podría resumirse en la siguiente proposición: “Sea o no infinita la energía, el Universo es infinito en el tiempo”.

Nuestra hipótesis inicial, como se habrá podido observar, contradice tanto la mucho más conocida hipótesis de “El Universo es finito porque la energía es finita” como la antagónica propuesta de “El Universo es infinito porque la energía es infinita”. La hipótesis más afectada a primera vista por nuestra afirmación es la primera, pero cuando valoremos los resultados finales del análisis veremos que la realmente damnificada es la segunda.

A continuación, y como primer apoyo argumental, procedo a la elaboración de unos sencillos razonamientos básicos en forma esquemática:

- Argumentos a favor (1)

1) El tiempo es la medida del cambio. En caso de la finitud energética, no habría cambio (ni potencia de cambio), puesto que ésta es la causa eficiente inmediata del mismo. Y puesto que no habría cambio, no habría tiempo. Así pues, concluimos que un Universo de energía finita sería infinito en el tiempo.

2) En caso de que la energía fuera infinita, habría infinitos cambios (o potencia de cambios) y, por tanto, infinito tiempo. Así pues, concluimos que el Universo es infinito en el tiempo.

- Objeciones (1)

A primera vista, es captable que el primer inconveniente para ratificar la veracidad de las afirmaciones anteriores radica en el concepto más o menos subjetivo que se tenga de las palabras empleadas. A pesar de que están elaboradas con los términos más sencillos y unívocos posibles, destaca la posible ambigüedad de la palabra “energía”.

Si incluimos dentro del concepto “energía” a la “energía en potencia”, tendríamos que incluir necesariamente a la materia en dicho concepto si nos atenemos a las tesis de Einstein en relación con la relatividad especial. Ahora bien, esto supone un giro copernicano en el sentido de los argumentos sostenidos hasta el momento, ya que el primer argumento se basa en la existencia de un ente distinto de la energía que permaneciera sin cambios conformando el Universo. De otro modo, la finitud energética y el “no cambio” equivaldrían a un “no ser” del Universo. Dicho de otra forma: el Universo se iría consumiendo a sí mismo hasta que desapareciera.

- Contraobjeciones (1)

Sin embargo, el nacimiento de nuevas hipótesis sobre la composición del Universo me obliga a detenerme y hacer una reflexión. Modernas investigaciones apuntan a la existencia de entes físicos diferentes de la materia y de la energía que conformarían una considerable parte del entramado espacial. Se habla de materia oscura, de antimateria, de... en fin, se corrobora el ya formulado dicho de que cuanto más se avanza por el camino de la ciencia, más conciencia se tiene del camino que falta por recorrer.

Si los resultados experimentales de dichas hipótesis resultan fiables, no sería descabellado el primer argumento planteado. Si se admitiera la existencia de un tercer elemento, o de un tercero y un cuarto (y todos los que hubiera), y dicho elemento fuera sustancialmente distinto de la materia y de la energía, perdurable más allá de la existencia de éstas, entonces se podría restablecer el argumento que nos ocupa.

Todas estas afirmaciones estarían de algún modo corroboradas por el Principio de Conservación de la Energía (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma)

- Conclusión (1)

Así pues, ya podemos extrapolar una primera conclusión de los razonamientos anteriores, de índole filosófica y fruto de otro pequeño razonamiento: si el Universo es infinito en el tiempo, existe un ser compuesto incorruptible como tal en su conjunto, aunque no de realidad material ni energética.

Dicha conclusión no violenta las tesis de filósofos anteriores tan renombrados como Aristóteles o Santo Tomás de Aquino, antes bien las corrobora. Las modernas teorías hile-energéticas concluyen de algún modo que no es posible la infinitud del Universo con base en un elemento material o energético, tal y como se afirmó varios siglos atrás.

- Argumentos a favor (2)

Cedamos el paso ahora al razonamiento meramente intelectual. Aunque no se trata de un hecho experimentalmente comprobable, es de aceptación universal que el Universo y las realidades trascendentes inmateriales son los únicos entes existentes. Esto quiere decir, y apoyándonos también en la teoría del Big-bang, que el Universo está técnicamente rodeado por la nada. ¿Las posibles (y muy probables, me atrevería a decir) realidades trascendentes estarían fuera o dentro del Universo? Es difícil de pensar y de imaginar, ya que surgirían cuestiones tan inabarcables por el pensamiento humano como son la extensión de Dios. ¿Realmente existe la nada, o la infinitud de Dios lo llena todo?.

Sin divertirnos por derroteros que nos llevarían sin duda por divagaciones interesantísimas pero lejos de nuestra cadena de razonamientos inicial, es posible postular que el Universo está rodeado de nada. Las más modernas teorías científicas, aún no refutadas ni superadas, sostienen que, de hecho, el Universo se expande por la nada, si es que es posible esto, a la velocidad de la luz.

Surge, por tanto, el siguiente razonamiento: suponiendo que no haya nada (que haya nada habría que decir) fuera del Universo, para que el Universo sufriera un proceso de pérdida del ser por la finitud energética o material (como objetabamos antes), parece obvio que tendrían que pasar a ser nada, al menos, determinadas partes de él. Pero esto supone un absurdo en todos los sentidos. ¿Nada dentro del Universo? Empíricamente es inaprehensible, incomprensible e incomprobable, racionalmente es impensable, y filosóficamente supondría un proceso de aniquilación que sólo Dios tendría el poder de efectuar.

- Conclusión (2)

Queda de este modo definitivamente probada la infinitud del espacio en el tiempo por la imposibilidad empírica y racional de la aniquilación.

- Valoraciones finales

Considerando todas las conclusiones de esta disertación, podemos elaborar un pequeño corolario de las mismas con sus consiguientes consecuencias tanto en el ámbito físico como filosófico:

Conclusión final: el Universo es infinito en el tiempo

Consecuencias

1) Ha de existir un tercer elemento distinto de la materia y de la energía que haga posible la ya probada infinitud del espacio en el tiempo o un proceso infinito de cambios sustanciales en el tiempo.
2) El Universo es incorruptible como tal en su conjunto, en el sentido de realidades espirituales como el alma, que existen para siempre salvo una especial intervención de una realidad superior (Dios).