Uno de mis primeros sonetos, escrito a los catorce años
El gran tronco del árbol centenario
oscila sin fuerzas presto a ceder
a la luz parda del atardecer
que ilumina su talle extraordinario.
Chasquido a chasquido se va quebrando
mientras recuerda cuando era un retoño
y era feliz con las lluvias de Otoño
cuando la lluvia saltaba cantando.
El árbol se rompe con gran estruendo
y al húmedo suelo cae, ya sin vida,
mientras los rayos de sol van muriendo.
Y en el suelo del campo, carcomido,
yace muerto el gran árbol centenario
sumido para siempre en el olvido.
lunes, 20 de octubre de 2008
El rey: una muerte épica
Esta poesía la escribí con catorce años, con intención de fundir la épica de la temática con la forma solemnísima de las coplas de pie quebrado.
En el ocaso sombrío
todo el mundo se estremece
sollozando,
pues el último gran rey
abandona su morada
expirando.
Majestuoso observó
con infinita bondad
atardecer,
a la ciudad orgullosa
que en una tarde lluviosa
le vio nacer.
Los sabios profetizaron
que iba a tener muchos dones
en cuantía,
siendo el dueño poderoso
de la última gloriosa
dinastía.
En el campo de batalla
el refulgir de su espada
destacaba,
centelleaban sus ropas
mientras el sol los ojos
le brillaba.
Con los hombres era justo
y problemas resolvía
con gran calma
a los pobres ayudaba
y los males le dolían
en el alma.
Pero la muerte llegó
y su destino aceptó
sin vacilar,
el más grande soberano
que su gran pueblo pudiera
recordar.
Una aureola de luz
le rodea todo el cuerpo
atestiguando,
la santidad de las obras
que realizó con esfuerzo
gobernando.
Los poetas y juglares
cantan las grandes victorias
del pasado,
mientras que el augusto rey
yace en un lecho de flores
acostado.
Lo ponen en una barca
con las armas a los pies
reposando,
y lo abandonan al mar
su nueva regia morada
suspirando.
Y la corona ceñida
en sus cabellos de plata
refulgiendo,
se aleja en el ancho mar
mientras los rayos de sol
van muriendo.
En el ocaso sombrío
todo el mundo se estremece
sollozando,
pues el último gran rey
abandona su morada
expirando.
Majestuoso observó
con infinita bondad
atardecer,
a la ciudad orgullosa
que en una tarde lluviosa
le vio nacer.
Los sabios profetizaron
que iba a tener muchos dones
en cuantía,
siendo el dueño poderoso
de la última gloriosa
dinastía.
En el campo de batalla
el refulgir de su espada
destacaba,
centelleaban sus ropas
mientras el sol los ojos
le brillaba.
Con los hombres era justo
y problemas resolvía
con gran calma
a los pobres ayudaba
y los males le dolían
en el alma.
Pero la muerte llegó
y su destino aceptó
sin vacilar,
el más grande soberano
que su gran pueblo pudiera
recordar.
Una aureola de luz
le rodea todo el cuerpo
atestiguando,
la santidad de las obras
que realizó con esfuerzo
gobernando.
Los poetas y juglares
cantan las grandes victorias
del pasado,
mientras que el augusto rey
yace en un lecho de flores
acostado.
Lo ponen en una barca
con las armas a los pies
reposando,
y lo abandonan al mar
su nueva regia morada
suspirando.
Y la corona ceñida
en sus cabellos de plata
refulgiendo,
se aleja en el ancho mar
mientras los rayos de sol
van muriendo.
jueves, 16 de octubre de 2008
Poesía
En los pilares de la fantasía,
en la frescura y fuerza de las olas,
en la fragancia de las amapolas;
en esos sitios surgió la poesía.
Por más que el mundo cambie sin cesar,
poesía seguirá con esplendor,
pues poesía es alegría y dolor,
lo pasado y lo que habrá de pasar.
Por mucho que se vayan cosas buenas,
por mucho que se sufra en el futuro,
la poesía mitigará las penas.
Y cuando el sufrimiento haya pasado
y la esperanza vuelva a resurgir,
será la poesía, que ha triunfado.
en la frescura y fuerza de las olas,
en la fragancia de las amapolas;
en esos sitios surgió la poesía.
Por más que el mundo cambie sin cesar,
poesía seguirá con esplendor,
pues poesía es alegría y dolor,
lo pasado y lo que habrá de pasar.
Por mucho que se vayan cosas buenas,
por mucho que se sufra en el futuro,
la poesía mitigará las penas.
Y cuando el sufrimiento haya pasado
y la esperanza vuelva a resurgir,
será la poesía, que ha triunfado.
Guerra
El cielo estaba tranquilo,
la mar serena.
Los niños reían
las mujeres tejían
y hacían la cena.
De repente, silencio.
Se oye un sollozo,
es un niño que llora
por el silencio que trona.
Hay miedo en el aire.
No se sabe, se siente,
se huele, se toca,
como si una inmensa roca
oscureciera la mente.
¡Boom!
Ruido de trueno sacude la tierra
los graneros tiemblan, se vuelan las siembras
esto es un infierno.
Una a una caen las bombas
van matando sin cesar
es imposible pensar;
son una auténtica tromba
no dejan ni respirar.
¡Todos vamos a expirar!
Las bombas siguen cayendo,
estamos desesperados
y de repente...
Todo ha acabado.
Se oyen gritos,
sollozos contenidos,
pero sólo es el principio:
la guerra ha comenzado.
la mar serena.
Los niños reían
las mujeres tejían
y hacían la cena.
De repente, silencio.
Se oye un sollozo,
es un niño que llora
por el silencio que trona.
Hay miedo en el aire.
No se sabe, se siente,
se huele, se toca,
como si una inmensa roca
oscureciera la mente.
¡Boom!
Ruido de trueno sacude la tierra
los graneros tiemblan, se vuelan las siembras
esto es un infierno.
Una a una caen las bombas
van matando sin cesar
es imposible pensar;
son una auténtica tromba
no dejan ni respirar.
¡Todos vamos a expirar!
Las bombas siguen cayendo,
estamos desesperados
y de repente...
Todo ha acabado.
Se oyen gritos,
sollozos contenidos,
pero sólo es el principio:
la guerra ha comenzado.
domingo, 5 de octubre de 2008
El reloj
Tic – tac – tic – tac…
suena el reloj.
Al mover de sus agujas
va transcurriendo implacable
la bobina del tiempo.
...tic – tac – tic – tac…
suena el reloj.
El tiempo va transcurriendo
y la vida va pasando
como estaciones sin pausa.
...tic – tac – tic – tac...
suena el reloj.
El tiempo no corre, vuela,
Y en un soplo de ventisca
se
a
ca
ba
el
tiem
po
de
vi
da
...
...tic – tac – tic – tac...
suena el reloj.
suena el reloj.
Al mover de sus agujas
va transcurriendo implacable
la bobina del tiempo.
...tic – tac – tic – tac…
suena el reloj.
El tiempo va transcurriendo
y la vida va pasando
como estaciones sin pausa.
...tic – tac – tic – tac...
suena el reloj.
El tiempo no corre, vuela,
Y en un soplo de ventisca
se
a
ca
ba
el
tiem
po
de
vi
da
...
...tic – tac – tic – tac...
suena el reloj.
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